sábado, 11 de febrero de 2012

La invención de Morel

Mi acercamiento a la literatura de  Adolfo Bioy Casares fue en mi adolescencia, con algunos cuentos cortos de una antología junto a Jorge Luis Borges y Silvina Ocampo.  La invención de Morel, de 1940, es al parecer del mismo periodo que lo anterior que había leído suyo, y me enganchó el giro fantástico que empiezan a tomar las cosas en la trama de la novela: un fugitivo huye a una isla rodeada de historias de misterio y de peste, que un día cualquiera aparece llena de personas que a pesar de "verlo" lo ignoran por completo, como si fuera un fantasma, y justo cuando pensé que en efecto había naufragado y era un fantasma, se resuelve el rompecabezas y los fantasmas son los demás.  Delirios de soledad, torturas de enamorado no correspondido y un fantástico aparato capaz de conseguir la "inmortalidad" a través de la captura de la imagen, se reúnen para  exaltar la imagión más activa.
En cuanto al aparato inventado por el misterioso científico Morel, se trataba de un conjunto de sensores que percibían y grababan la imagen, sonido, color y otras cualidades de lo introducido en su radio de acción.  Estas cualidades se guardaban en unos discos que garantizaban su repetibilidad, una y otra vez siempre y cuando tuvieran un suministro de energía constante, el cual era dado por la regularidad de las mareas de la isla.   Esta repetibilidad periódica de lo grabado era lo que producía una cierta forma de inmortalidad, de perdurabilidad de las personas captadas a través de la supervivencia de sus imágenes.
Hubo partes ue identifiqué mucho con lo que sucede ahora con la imagen y su perdurabilidad en los registros electrónicos, mas que impresos, y su existencia virtual en una red como internet, que visto de otra forma puede ser también una forma de inmortalidad.

“¿No debe llamarse vida lo que puede estar latente en un disco, lo
que se revela si funciona la máquina del fonógrafo, si yo muevo una
llave? ¿Insistiré en que todas las vidas, como los mandarines chinos,
dependen de botones que seres desconocidos pueden apretar? Y ustedes
mismos, cuántas veces habrán interrogado el destino de los hombres,
habrán movido las viejas preguntas: ¿Adónde vamos? ¿En dónde
yacemos, como en un disco músicas inauditas, hasta que Dios nos
manda nacer? ¿No perciben un paralelismo entre los destinos de los
hombres y de las imágenes?¨[Bioy Casares:79]

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