A propósito del tema de la posibilidad de una autoevaluación, propuesta como una forma de eliminar la verticalidad en la clase de multimedia (ignoro si se extendía a las demás clases) coincido con Margot y Neftali en que ese tipo de evaluación sería más útil en caso de tratarse de una clase con parámetros limitados a algo cuantificable y donde no importara tener un aprendizaje y una reflexión personal. El aprendizaje es un punto difícil, ya que como reza la popular frase "el interés tiene pies", alguien que no se siente identificado con el tema seguramente se esforzará lo mínimo necesario para aprobar, pero si se le da la opción de evaluar su propio desempeño se dará más crédito del que merece.
Si bien la forma de evaluar hasta ahora en la clase de multimedia ha sido en cierta forma un criterio cuantificable (basado en el cumplimiento de tareas específicas, asistencia y orden en clase) creo que es adecuado ya que constituye la excepción en el errático sistema habitual de evaluaciones en La Esmeralda: exige una verdadera constancia y disciplina por parte de los alumnos, y aunque sea una clase obligatoria en el semestre, cada uno de los alumnos eligió ésta en concreto, de entre las otras posibilidades.
Acerca del sistema de evaluaciones de la escuela en general, creo que el asunto va más allá de eliminar la verticalidad en las clases: es necesario hacer cambios radicales en la manera de seleccionar al alumnado en la Esmeralda. Esto tampoco tiene que ver con imponer un perfil socioeconómico como requisito (como se dice que hacían en administraciones anteriores), sino hacer una selección basada principalmente en las capacidades e intereses del aspirante. Eso podría hacer un mejor filtro y ayudar a reducir el número
de alumnos "invisibles", y de los que sólo se inscriben porque les parece que estudiar arte les da
status o los hace ver diferentes, populares, interesantes o intelectuales. ¿Para qué conservar un padrón de alumnos fantasma? ¿Para acaparar más presupuesto, que cada año se va recortando más?
Hace falta más y mejor disciplina: La
aseveración de que “el arte es subjetivo por lo tanto no se le puede limitar”,
es en mi opinión personal lo que sigue alejando a las licenciaturas en arte de
una verdadera profesionalización.
Menos permisividad con el
ausentismo y materias reprobadas: Hay un porcentaje de alumnos que ni siquiera se molestan en asistir a clase, pues se les permite
“recuperarse” en la última semana del curso, y si reprueban de cualquier forma
se les permitirá tomar la clase consecutiva de la reprobada. Si algunas materias estuvieran secuenciadas, tal vez se generaría más compromiso de parte del estudiante para no ir atrasándose
semestres o años.
El estudiante debería interesarse en tener un verdadero aprendizaje para
el “mundo real”: Últimamente suena mucho la palabra autogestión casi como una obligación del alumno desde antes de graduarse. Pero ni busca, ni se le acercan herramientas para
protegerse al tiempo que se autopromociona y
se enfrenta a cazatalentos o a sistemas de apoyo cultural. Me refiero a herramientas
autoadministrativas y legales, en prevención de incumplimiento de acuerdos,
pérdida de obra a manos de terceros, plagio de proyectos, etc. ya que no todo se reduce a planear la obra, realizarla e ir a presentarla. Claro que como mencioné al principio, el interés tiene pies y a una persona que no le interesa, de nada le valdría el tener acceso a herramientas como ésas.
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